mayo 25, 2024

Mamá Rockera
By Mónica Nitro

Cuenta la historia que dos personas que se amaban mucho, decidieron viajar por carretera hasta un destino paradisíaco, una playa de la que habían escuchado hablar, con poca gente, olas impactantes y un cielo despejado, de esos que en la ciudad ya no se pueden ver. Ambos viajeros pasaron 13 horas dentro del auto escuchando música, contando historias, cantando canciones, hasta que por fin, miraron su destino.

Ahí estaba Mazunte, del náhuatl «maxotetia», Pueblo Mágico ubicado en Oaxaca, con sus enormes olas provenientes del Pacífico, en donde se pueden presenciar los atardeceres más hermosos desde la media luna de Punta Cometa. Un lugar para pasar varios días con tranquilidad y paz, un lugar en donde todo se olvida y puedes comer al pie de la playa y dormir sobre la arena.

Por la noche, ya después de instalarse en un pequeño hotel, los enamorados caminaron a la playa para cenar, entre una pasta Alfredo y un ceviche de pescado, dos pacíficos bien frías, acompañados de boci (una bocina obsequiada por un banco al abrir una cuenta de nómina), en la que se escuchaba con tremendo romanticismo: «dices que eres la bandota, que eres bien rockaronlero. Y se te nota con tremenda matota…» aplaudida por dos hombres italianos sentados a un lado de la pareja; rosas como camarones y sonrientes por estar ahí.

 

Foto: angusininstagrm

 

Después de cenar, la mujer, joven, guapa, inteligente; voltea hacia el cielo negro alumbrado por estrellas, y mira pasar una estrella fugaz. De inmediato, ante el asombro, pide un deseo: «quiero una sorpresa». Nueve meses después, llegó la sorpresa: Décimo Meridio, mi primer hijo.

Así pues, Décimo Meridio sabe que proviene de una estrella fugaz, del amor, de un lugar mágico que precisamente significa: «por favor deposita huevos aquí», y vaya que me los depositaron muy bien.

La realidad, es que sí, fuimos a Mazunte en carretera, viajamos 13 horas, escuchamos a Los Muñecos del Tex Tex, y por la noche, ví no una, sino dos estrellas fugases, y sí, se me ocurrió pedir una sorpresa.

Foto: angusininstagrm

En febrero de aquel año bisiesto, en donde a finales de éste, perdimos a Fidel Castro, descubrí que algo que nos sucede sólo a las mujeres, pues no aparecía, y entonces el Vaquero Rockanrolero, ya no me hacía tanta gracia. Después de dos meses de no ver a Andrés -ya saben la rima y quien no, por favor pregunte a la persona de a lado- decidí hacerme una prueba de embarazo. Me la pasé todo el día con hormigueo en el estómago y sudor frío, al llegar a casa, bajo la luz de un foco ahorrador de luz, los dos nerviosos enamorados, confirmaron la gran sorpresa. POSITIVO.

Décimo Meridio sabe que lo amo con todas mis fuerzas, pero tardé 24 horas en procesar su llegada al mundo, a mi mundo.

Foto: angusininstagrm

Después de leer el resultado, quedé congelada, inmóvil, totalmente asustada. Sabemos perfectamente cómo pasó, pero no lo esperaba. Aunque siendo sinceros, quien se embaraza con consentimiento, sabe que fue por descuido o por decisión. Me puse mi pijama, me acosté, me cobijé y no pronuncié palabra alguna hasta 12 horas después que llegué a la oficina. Piensen en mí, como una mujer joven, viviendo con su pareja en la hermosa Ciudad de México, que va en bicicleta a la Condesa por un helado con piquete, que rockea y viaja cuando se le da la gana, se despierta los fines a la hora que sea, godinea entre semana y pasa horas leyendo sobre la cama.

Sentada en la oficina godín, con la mirada perdida, simulando que trabajo, sólo podía pensar en todo lo que ya no podría hacer, o sea, en cómo mi vida iba a dejar de ser mía, para convertirse en propiedad de alguien más, alguien pequeñito a quien debía cuidar 24/7 por el resto de mi vida independiente.

Repito, amo a mis hijos, pero soy honesta con mi sentir. Ante este desconcierto, el Vaquero Rockanrolero me incitó a salir de mi shock, a hablar de lo que nos estaba pasando. Salí del trabajo, me subí al metro, me empujaron, empujé, salí del andén, subí al departamento, cené, me acosté y al sonar la alarma, voltié a ver al Vaquero y le dije: ¡Estoy embarazada!

A partir de ese momento, froté mi panza cada día, a cada instante, por 38 semanas, feliz, hablándole sin parar al Décimo Meridio. Ahora confirmo que sí, mi vida dejó de ser mía, pero para compartirla con alguien más, alguien a quien amo y me ama, con el que aprendí a adaptar mi vida, compartir los viajes, el rock, el baño, la cama, mis pechos, etc. Y si Décimo Meridio pregunta, sí, él fue la sorpresa que pedí esa noche de enero en Mazunte, y sólo pienso dentro de mí:

«A mí me toca decir que seré la persona
que siempre estará ahí,
para mirarte, cuidarte y también expresarte,
y dar mi vida por ti.
Las veces, que sea necesario,
esconderte, tras de un armario.
Y cobijarte las noches y abrazar tu llanto
y ser tu héroe, tus risas, tus juegos, tu sueños, tu canto…»

Dedicada a un ser extraordinario.

Foto: angusininstagrm

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